Paris, je t'aime fue, desde un principio, un proyecto hecho para y con el corazón. Varios fueron los directores que tantearon ser partícipes de él. Muchos de ellos cayeron de la lista en beneficio de otros que hicieron realidad su visión de este sentimiento usando como lugar común París, la ciudad del amor por antonomasia.
No es apropiado nombrar a quienes dejaron el barco por diferentes causas pero realizadores tan interesantes como Julio Medem, Emir Kusturica, Mamoru Oshii...hubiesen sido mucho más estimulantes, a priori, que algunos de los nombres finales. Pero bueno, no están todos lo que son, pero si son todos los que están.
18 historias sin ningun nexo físico en común que no sea la capital francesa, la única protagonista impertérrita de todas las narraciones. Otro nexo común, en este caso metafísico, son las relaciones humanas o el amor en diferentes estratos sentimentales.
Directores de todas las nacionalidades y haciendo uso de cuatro de las lenguas más universales (francés e inglés principalmente, aunque el castellano y el mandarín también aparecen como meros invitados de piedra) narran variopintas, diferentes, intranscendetes, profundas, espumosas, ruidosas e incluso vacuas historias.
El primer fallo narrativo nos lo encontramos con la falta (por inexistente) de habilidad en entrecruzar o interrelacionar las historias que son aderezadas con una especie de prólogo y epílogo más fruto de unas prácticas de montaje universitario que de una producción de renombre como ésta.
Los frescos humanos que componen este colage son los siguientes, en los que me detendré para analizar sus aspectos más y menos positivos.
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Montmartre, de Bruno Podalydès. Con Florence Muller y Bruno Podalydès.
Mediante una pequeña fábula actual y urbanita el director muestra el aspecto más débil y pusilánime del hombre (ser masculino) frente al poder y fascinación que ejerce la mujer en éste. Tratando además la inestabilidad que les proporciona a algunos el estado de soledad.
Con un Montmartre muy de fondo, aunque se perciba un atisbo de las escaleras de Saint Vincent (o eso quise ver), vemos unas actuaciones convincentes y una historia simpática y reflexiva.
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Quais de Seine, de Gurinder Chadha. Con Leïla Bekhti y Cyril Descours.
Aquello que empieza como un retrato de la juventud francesa "de andamio" acaba como una historia con exceso de moralina y torpemente ejecutada sobre el indiscutible valor de la integración de culturas en nuestra sociedad actual. Buenas intenciones, mediocres resultados.
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Le Marais, de Gus Van Sant. Con Marianne Faithfull, Elias McConnell y Gaspard Ulliel.
El tema por excelencia de Van Sant, la homosexualidad, es relatado de una manera tan poco creíble, con una historia tan concentrada y con un final muy visto en el cine. Le falta metraje y le sobran tópicos para hacerla verosímil. Muy fallida.
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Tuileries, de Ethan y Joel Coen. Con Steve Buscemi, Julie Bataille y Axel Keiner.
Un gag en el metro, protagonista parisino imprescindible, que resulta simpático y que refleja perfectamente el humor y universo de los Coen. Aún así, no resulta imprescindible ni permanece en el recuerdo al salir de la sala.
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Loin du 16ème, de Walter Salles y Daniela Thomas. Con Catalina Sandino Moreno.
Brevísima historia con apenas diálogos pero donde los silencios narrativos y la canción que canta la protagonista (vista anteriormente en
María, llena eres de gracia) impregnan una fuerza sentimental importante a la vez que permite plantearnos uno de los principales problemas de la actual sociedad, la falta de tiempo con los nuestros para poder tenerlos a nuestro lado. Sencillo, eficaz y emotivo.
- Porte de Choisy, de Christopher Doyle. Con Li Xin y Barbet Schroeder.
Que el director de fotografía de Wong Kar Wai dirigiese un fragmento parecía prometer, inexplicablemente, una historia intimista o, como mínimo, estéticamente cuidadosa. Pues ni una cosa ni la otra. Un pastiche de toques orientales y naïf hacen que esta narración sea posiblemente la menos interesante, la más aburrida argumentalmente y la menos coherente consigo misma. Una mezcla de comedia psicotrónica y musical lisérgico. Abominable.
- Bastille, de Isabel Coixet. Con Sergio Castellitto, Miranda Richardson y Leonor Watling.
El sello Coixet se nota excesivamente en esta historia de buenas intenciones y narrada de manera comprimida con cierta gracia y que, juntamente con el fragmento de Tykwer, han sabido comprimir una historia a largo plazo en pocos minutos. El único problema es el poco habilidoso y confuso uso de los saltos temporales y flashbacks usados, además de un Castellitto poco creíble.
- Place des Victoires, de Nobuhiro Suwa. Con Juliette Binoche, Willem Dafoe y Hippolyte Girardot.
Una historia de amor maternal muy sensible y excelentemente interpretada por Juliette Binoche. Fotografiada de manera exquisita pero, plásticamente, el personaje de Dafoe desentona demasiado, además de contar una historia que se ha repetido mucho en el cine y con un exceso de intenciones trascendentes.
- Tour Eiffel, de Sylvain Chomet. Con Yolande Moreau y Paul Putner.
Primer trabajo con personajes reales de Chomet, que aún así deja entrever sus influencias en la animación. Sencilla historia sobre el amor de dos mimos, personaje parisino por excelencia, narrada a través del simpático hijo de ambos. Estereotipo del mimo a modo caricaturesco.
- Parc Monceau, de Alfonso Cuarón. Con Nick Nolte y Ludivine Sagnier.
Plano secuencia espectacular sobre la relación entre un hombre mayor y una chica con continuos dobles sentidos e interpretaciones equívocas. Lo único destacable es ver a un Nick Nolte afectado por los excesos de alguno de sus vicios.
- Quartier des Enfants Rouges, de Olivier Assayas. Con Maggie Gyllenhaal y Lionel Dray.
Extraña historia sobre la relación entre una actriz norteamericana y un camello francés. Bien planteada y resuelta de manera anticlimática dentro del conjunto, viendo incrementado su valor por sorpresivo .
- Places des Fêtes, de Oliver Schmitz. Con Aïssa Maïga y Seydou Boro.
Bonita historia de relaciones humanas con pequeños detalles hermosísimos aderezada por música folklórica africana. Posiblemente peque de sensiblería fácil, pero está narrada con unos flashbacks y unos planos tan cuidadosos y delicados que hace que se convierta en una de las maravillas de la película.
- Pigalle, de Richard LaGravenese. Con Fanny Ardant y Bob Hoskins.
Historia sobre una madura pareja y sus subterfugios para reavivar la llama del amor. Muy aburrido y poco interesante, pese a que los dos intérpretes hagan lo imposible para sacar adelante la historia.
- Quartier de la Madeleine, de Vincenzo Natali. Con Elijah Wood y Olga Kurylenko.
Fragmento que desentona totalmente con el resto del film, más preocupado en la forma (plagiada literalmente de Sin City) que en el absurdo contenido, acercándolo más a un anuncio de colonia de alto standing que a un cortometraje. Todo ello aderezado con la lamentable y torpe actuación del forzado e histriónico Elijah Wood.
- Père-Lachaise, de Wes Craven. Con Emily Mortimer, Rufus Sewell y Alexander Payne.
El padre de Scream y Freddy Krueger factura una gris y poco interesante historia que se valora por lo contenida que finalmente resulta, conociendo al director, y porque la que avecinábamos, a priori, como la peor historia del film, se acaba salvando por poco de la quema final. Anodina pero podría haber sido muchísimo peor.
- Faubourg Saint Denis, de Tom Tykwer. Con Natalie Portman y Melchior Beslon.
Sin duda la mejor historia. Sencilla pero narrada y comprimida de una manera maestra y usando unas técnicas para agilizar los saltos temporales estéticamente logradas. Los protagonistas están magníficamente interpretados y el director consigue concentrar y contraponer sentimientos encontrados en pocos minutos.
- Quartier Latin, de Frédéric Auburtin y Gérard Depardieu. Con Gena Rowlands, Ben Gazzara y Gérard Depardieu.
Uno de los mejores fragmentos gracias a una realización sobria y un magnífico guión. Un diálogo repleto de mala uva, ironía y sarcasmo interpretado por dos viejas glorias que ponen de manifiesto su calidad interpretativa, Gazzara y Rowlands.
- 14 arrondissement, de Alexander Payne. Con Margo Martindale.
Divertidísimo relato de una turista norteamericana en París narrado como si de una redacción se tratara. Cuenta sus diferentes paseos e impresiones parisinas. Muy logrado aunque con un pequeño pero al final con esa impostada trascendencia. Aún así, uno de los platos fuertes del conjunto.